miércoles, 1 de junio de 2011

JAIME JARAMILLO ESCOBAR - OCIO Y POESÍA



Aunque existen poetas escritores, el escritor y el poeta son dos seres distintos. Un escritor es una mula. Por eso puede ponerse a determinada hora frente a una hoja de papel, como una mula con su forraje. Pero el poeta es un ángel. No indico si bueno o malo. El problema de las categorías es otro asunto.
Cuando ejerzo de escritor soy mula, con todas las consecuencias, puesto que el escritor escribe por encargo, por compromiso, por negocio, etc. Es como si un demonio me agarrara y me dijera: tienes que hacer esto. (Investigar, analizar, concluir, redactar). Sólo con el tiempo libre brotan las alas del poeta –en verso o en prosa– en la contemplación y el éxtasis. Pero son alas tenues y se rompen al contacto de la más mínima carga. Le pones una carga al poeta: lo aplastas. La mula del escritor resiste. Por lo tanto es mejor ser escritor. Pero es más bella la poesía.
El primer manifiesto nadaísta fue contra el trabajo. Porque se trataba de un manifiesto redactado por poetas. Si tienes que trabajar todo el día y toda la semana y todo el año, la poesía huirá de ti porque no la mereces. Te has convertido en esclavo. Es de la esencia de la poesía ser libre. Y por eso resulta escasa. Ya no existe libertad en el mundo. Será un reducto en los poetas. A ellos les corresponde mantener la llama. Por si acaso algún lejano día...
Ovidio (nos dice la historia) nunca deseó ser nada más que un poeta y vivió hasta los cincuenta años como un caballero ocioso. Anacreonte llegó hasta los ochenta y cinco años cantando y bailando. Simónides de Ceos hizo su profesión de la composición de poesías. El poeta que llega a cumplir horario de trabajo deja en el vestier, junto con el sombrero, su condición de poeta. Y es que el poeta tiene que pensar, y no se puede pensar en una fábrica. Las fábricas son para hacer. No para pensar. La gente que puede vivir sin pensar encuentra su acomodo en una fábrica. Pero el hombre que está vivo y despierto y que piensa es un hombre en su esplendor y por respeto a sí mismo y a su esplendor debe limitarse a brillar. Como hoy en día se corta todo lo que sobresale, los poetas se convierten en enanas blancas y brillan hacia su interior. O se convierten en agujeros negros para no ser vistos.

El poeta que trabaja va dejando poco a poco de ser poeta y se convierte en trabajador. Pierde la sensibilidad, la sutileza, la percepción; pierde todas sus cualidades y atributos uno tras otro y queda convertido en miembro social. Alguien se permitirá ponerle la mano en el hombro, o le dará palmaditas en la espalda. Ah, que no llegue ese día para el poeta, porque ese es el día de su muerte. Aunque el entierro se demore, andará el resto de su vida convertido en sarcófago de sí mismo, de su propio muerto que es.

NOTAS

1.      Los griegos consideraron el ocio como la más noble actividad y la primera condición de todo progreso intelectual y cultural. INDRO NONTANELLI
2.     El día es más importante que uno. A veces, podemos apreciarlo. MARK van DOREN
3.   ¿Acaso fue creado el hombre para trabajar? ¿No es, por ventura, el hombre, el rey de la creación? FERNANDO GONZÁLEZ
4.     El hecho de que no sepamos qué hacer no significa que no tengamos nada qué hacer. CARLO COCCIOLI
5.    Es un viejo principio de “técnico” el hacer creer que trabajo es igual a vida, y con esa lógica han engañado largo tiempo. JEAN-FRANCOIS STEINER (Treblinka)
6.  En una sociedad que se desarrolle armoniosamente, el trabajo está llamado a desaparecer. BERNARD THOMAS (Planeta)
7.   El mucho trabajar carece de objeto. Los doctos y los ignorantes lo saben. WALT WHITMAN
8.       El trabajo es el refugio de la gente que no tiene absolutamente nada qué hacer. OSCAR WILDE
9.     Trabaja como si el trabajo sirviera para algo. (Dice Krisna a Arjuna)
10.    El trabajo no es culpa de un edén ya perdido / sino el único medio de llegarlo a gozar. JOSÉ   SANTOS CHOCANO
11.      Entre todas las diversiones, el trabajo es la que menos cansa. (Paradoja hippie)
12.    Cambiar las cosas de lugar es el trabajo del hombre. ALBERT CAMUS



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